CUANDO EL 2021 SE PARECE MUCHO AL 2020

30 de septiembre de 2021

«Escucha, oh Jehová, mis palabras; Considera mi gemir. 2  Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré.» -Salmo 5: 1-2

Las primeras semanas de un nuevo año suelen traer un tiempo de celebración y reflexión. Celebramos los buenos momentos, reflexionando sobre lo que hemos aprendido y logrado, al tiempo que miramos con esperanza lo que puede traer el nuevo año.

Y después del 2020, lo más probable es que todos sintamos que nos vendría bien un nuevo comienzo.

Sin embargo, cuando empezamos a comparar el final del año pasado con el comienzo de este, podemos preguntarnos cómo será de diferente el 2021. Parece que el dolor de 2020 se ha desbordado. Todavía estamos en medio de una pandemia, por lo que puede ser difícil tener la esperanza de un nuevo comienzo en medio de un sufrimiento sin precedentes.

¿Qué podemos hacer? Una pregunta mejor puede ser ¿cómo respondemos?

Nos “lamentamos.” En la Biblia, «lamentarse» significa afligirse – literalmente gritar a Dios con nuestro dolor y nuestra pena.

En un artículo reciente sobre la pandemia, el teólogo N.T. Wright mencionó que los cristianos no se lamentan bien. ¿Por qué? Tendemos a pasar por alto las cosas que son dolorosas. Queremos una solución rápida o una nota sonora para arreglar lo que salió mal en el mundo o en nuestras vidas. Preferimos escapar de nuestro dolor que afrontarlo.

Sin embargo, cuando Jesús se enfrentó al dolor y al sufrimiento inexplicable, se inclinó. Dios no protegió a su propio Hijo del sufrimiento, sino que le permitió experimentarlo personalmente. Y por eso, Jesús sabe íntimamente cómo nos sentimos; conoce el profundo dolor que experimentamos en nuestro sufrimiento.

Porque Jesús entiende, podemos orar oraciones realmente honestas. Podemos decirle lo difícil que ha sido esta temporada de sufrimiento para nosotros y para los que amamos. Nuestros gritos sinceros no disminuyen nuestra fe, sino que construyen nuestra esperanza en Dios. Al invitar a Dios a nuestro sufrimiento, declaramos que confiamos en su ayuda. Admitimos nuestra dependencia de Él para que se mueva en nuestras vidas y nos revele cada paso en el camino.

Bien, pero ¿cómo aprendemos a sufrir?

Un buen punto de partida es la lectura de los Salmos. Intenta leer los Salmos 13, 22, 42, 43 o 44. Estos son ejemplos de oraciones de dolor y tristeza. Mientras lees, presta atención a las palabras que utiliza el salmista. Fíjate en cómo clama honestamente por lo que está mal, cómo declara su confianza en Dios y, a pesar de cómo se siente, cómo pide ayuda y sigue con alabanzas a Dios. Ahora bien, no nos equivoquemos: alabar a Dios no significa que sus problemas hayan desaparecido al instante. Pero sí demuestra cómo el salmista pone su esperanza en Dios, independientemente del resultado.

Dios se preocupa profunda y personalmente por nosotros. Podemos ser sinceros con Él sobre el dolor en nuestras vidas y en el mundo. Clamemos a Dios y encontremos juntos la esperanza.