SOCIALMENTE DISTANCIADO

29 de septiembre de 2021

«No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.” Hebreos 13:2

Me encanta saludar a la gente. Ya sea para darles la bienvenida en nuestra casa, en la iglesia o incluso en el supermercado, es una de las cosas que más echo de menos de este último año de distanciamiento social. Hay algo en ofrecer un cálido saludo que aporta una sensación de bondad y amor humano. Me encuentro deseando ofrecer un apretón de manos o incluso una sonrisa sin máscara.

Al llegar un año de máscaras y cierres, de cuarentena y distanciamiento, a muchos les resultó más fácil desechar la idea de practicar la hospitalidad. Por supuesto, necesitamos estar seguros y tener en cuenta la salud de los demás, pero esto puede convertirse fácilmente en nuestra excusa para volvernos hacia dentro y centrarnos sólo en nuestras necesidades.

En el versículo anterior, el escritor de Hebreos nos anima a mostrar amor, no sólo a nuestros hermanos y hermanas, sino también a los extraños. Las palabras «seguid» y «no olvidéis» parecen indicar que estos actos de bondad formaban parte de la vida cotidiana de los primeros cristianos.

Desde el siglo I hasta hoy, la práctica de la hospitalidad sigue siendo una parte integral del seguimiento de Jesús.

Sin embargo, la pregunta sigue siendo: ¿cómo podemos practicar la hospitalidad en medio de una pandemia?

Hace varios años, empecé a orar esta oración mientras conducía hacia la oficina cada mañana: «Señor, ayúdame a dejar a la gente mejor de lo que la encontré.” Mi trabajo en ese momento implicaba varias interacciones con una variedad de personas cada día, algunas planificadas y otras espontáneas. Esta sencilla oración me ayudaba a ser consciente de cómo podía añadir una sonrisa, una palabra amable o algún tipo de estímulo para ayudar a mejorar el día de otra persona. A lo largo de los años, he experimentado mucha alegría al compartir el amor y la bondad de Dios con las personas que se cruzan en mi camino.

Así que, a medida que avanzas en tu día, incluso llevando una máscara o mirando a través de una ventana de plexiglás, en el teléfono o en la pantalla del ordenador, piensa en cómo tu presencia puede impactar en otra persona de forma positiva. Pide a Dios que te dé ojos para ver a tus vecinos, colegas y extraños como Él los ve.

Dios nos creó con la capacidad de amar. Compartamos ese amor practicando la hospitalidad con quienes nos rodean.

 

Escrito por la colaboradora invitada Melissa Henderson