DANDO A LA MENERA DE DIOS

24 de agosto de 2021

«Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.» 2 Corintios 9:6-8

Si lees la Biblia de principio a fin, te darás cuenta de que las Escrituras hablan bastante sobre el dinero y las posesiones. ¿Por qué le preocupa tanto a Dios nuestro dinero y cómo lo usamos? ¿No podemos gastar nuestro dinero ganado con tanto esfuerzo de la manera que queramos? ¿Y qué espera Dios cuando las dificultades financieras nos hacen preguntarnos cómo vamos a pagar las facturas? Las Escrituras nos dicen que siempre podemos confiar en que Dios tiene un plan mejor para nuestro dinero, uno que comienza con una actitud de dar con expectación y generosidad.

El apóstol Pablo relaciona esta idea de dar con expectación con la de un agricultor que siembra sus semillas y espera una abundante cosecha en otoño. Cuantas más semillas plante el agricultor, mayor será la cosecha. Cuantas menos semillas plante, menor será la cosecha. El agricultor planta sus semillas con fe, confiando en que la combinación correcta de tierra, luz solar y lluvia dará como resultado una cosecha abundante. Siembra con expectación.

Los seguidores de Cristo también deberían dar con expectación, confiando en que su donación no es en vano. ¿Por qué? Porque sus vidas están confiadas a Dios y Él no permitirá que sus alegres donaciones se desperdicien (1 Corintios 15:58). El plan de Dios es bendecir abundantemente a los generosos (versículo 8). Pero esas bendiciones pueden no ser financieras, porque Dios nos bendice de muchas maneras. Y las bendiciones no son sólo para el dador. Dios nos bendice para que seamos una bendición para otros (Proverbios 11:25).

Nuestra generosidad debe ser una respuesta a las riquezas que Dios ya nos ha dado en Cristo. Es a partir de esta actitud que podemos dar alegre y generosamente, sin importar nuestras circunstancias financieras.

¡Eso es dar a la manera de Dios!